Restaurante Kate Zaharra - Bilbao

restaurante Kate Zaharra Vista Principal

Restaurante Kate Zaharra

Comida Vasca Tradicional

Bº Zabalbide, 221

(Ctra. Sto. Domingo)

48015 Bilbao (Bizkaia)

Web: http://www.kate-zaharra.com

Si hace poco hablábamos de unas de las zonas con más solera de Bilbao, este fin de semana nos hemos ido a una de las zonas más elevadas y con mejores vistas sobre Bilbao. Me refiero al monte Artxanda, y aunque el Kate Zaharra no está mismo en Artxanda, si está en la carretera que lleva a esa elevación. Las vistas sobre Bilbao desde esa ubicación son realmente espectaculares.

Bilbao Visto desde Archanda

La visita al Kate Zaharra hacía tiempo que tenía en mente realizarla, más que nada porque había empezado a oír opiniones de toda índole, pero sobre todo abundaban las valoraciones positivas.
Quizás por eso el resultado me ha sorprendido tanto.

En este caso se trataba de una cena, por lo que no pudimos apreciar el entorno con todo su esplendor. Sin embargo, si que pudimos disfrutar de la vista notucna de Bilbao; una de las ventajas de ir de noche al Kate Zaharra. Aún a pesar de la oscuridad propia de esas horas, el caserío se muestra espléndido bajo la noche y en gran medida es gracias a la correcta iluminación que se proyecta tanto sobre el edificio como en los jardines.

Haciendo algo de historia, el caserío que acoge (magníficamente) al restaurante Kate Zaharra, puede considerarse reciente, o muy antiguo: sus dueños, dos hermanos gallegos de Melide, Amancio y Patri, decidieron en su momento trasladarse desde el centro de Bilbao (desde Gran Vía, dónde ya mostraban su buen hacer en la gastronomía) hasta lo más alto de la capital vizcaína, quizá con la intención de hacer algo de “elevado gusto”. Abrieron el 14 de mayo de 2002 tras un periplo de búsquedas encaminadas a recolectar lo que serían “las piezas” del caserío: piezas centenarias procedentes no solo de Vizcaya, sino también de los alrededores. Realmente el “montaje” les ha quedado ha quedado resultón, ya que el caserío es digno de admiración.

Para acudir al Kate Zaharra, no hay que ir con prisas: su visita, si se hace como hay que hacerla, consta de tres etapas en las que se propicia la charla tranquila y se degusta, además, del paso lento del tiempo.

Restaurante Kate Zaharra Entrada

La entrada al Kate Zaharra no es lo que esperas de la entrada a un restaurante: entras, pero no hay nadie, esperas, avanzas, y cuando encuentras a alguien, le preguntas por tu reserva. En ese momento eres conducido a la bodega, bajando unas escaleras, tras las que se abre una estancia amplia, decorada con cientos de botellas de todos los tamaños, mesas rústicas, utensilios de creación del vino, y de labores de labranza.

Sentados en la mesa (hay una mesa larga y corrida al estilo de las sidrerías, y mesas para cuatro, ocho, distribuidas por toda la bodega) nos presentan la carta de vinos: extensa, con una gran variedad de caldos de Rioja y Ribera del Duero, y algo “ajustada” en otras denominaciones de origen. Puedes elegir ó preguntar y dejarte asesorar. Nos “decantamos” por un vino suave de rioja, en magnum, que se adaptaba a los gustos de todos los que nos habíamos reunido esa noche. Para acompañar el vino, caña de lomo y jamón de bellota (de muy buena calidad ambos) o unas anchoas en salazón (igualmente excelentes), se muestran ideales como primer aperitivo.

Restaurante Kate Zaharra Bodega - 1

Restaurante Kate Zaharra Bodega - 2

Terminadas la viandas, no queda otra opción que pasar a la segunda “etapa”: es hora de ascender a los comedores. Están distribuidos en dos plantas, y presentan una agradable sensación de estar en casa, y máxime cuando te ubican en la mesa redonda, y enmarcada en un rincocito de lo más acogedor. La mejor mesa del restaurante.

Restaurante Kate Zaharra - Comedor Primero

Restaurante Kate Zaharra - Comedor Superior con mesa redonda

Ya sentados en la mesa el maitre nos canta los platos. He de reconocer que asombra la facilidad con la que va recitando las delicias de la cocina, pero no es menos cierto que el no contar con soporte físico de la carta, sobre todo cuando hay un gran número de comensales, dificulta la elección del plato (siempre hay alguien que no ha oido toda la carta, o no recuerda todos los platos) y por añadidura, tampoco puedes ver el coste de cada una de las opciones. Sí, ciertamente hay que señalar de forma especial que la disposición, trato y prestancia al servicio del maitre, para nada resultan apremientes, más al contrario, recitará los platos todas las veces que sea necesario y casi saboreándolos cuando los va pronunciando. Sim embargo, esto puede no siempre resulta cómodo para todo el mundo. Y en cuanto a los precios también se podría argumentar que, quien acudae al Kate Zaharra pensando en el precio, mejor que no vaya. Pero… para que quedar mal con nadie, pienso yo. Quizás no les interese ese tipo de “público”, quien sabe.

Tras escuchar el recetario de platos, ya se aprecia que la cocina del Kate Zaharra está fundamentada en el producto: en un producto de calidad, o para ser más exacto, de excelente calidad. En la carta apenas hay platos “elaborados”: entradas sencillas: almejas abiertas fritas a la sartén, calabacín relleno con jamón y salteado de perrechicos. Delicioso todo! Mención expecial haría al pan, tan difíicil encontrar de calidad, y que, al igual que en la visita al Kira Restaurante, nos sorprendió gratamente.

En los segundos, todo gira en torno a los pescados y carnes a la parrilla o al horno, sin más elaboración que la sazón propia del medio. Destacaba, por tratarse de platos elaborados, el rabo de toro, y las albóndigas. Dicen que entre semana hay alubias y otros platos caseros de ese estilo. Tomo nota.

Me decido por las albóndigas, con el fin de poder “catar” algo de “la mano del cocinero”.

Aquí me llevo otra sorpresa: en la salsa asomaba un exceso de grasas y se percibía regusto dulzón. Sin duda, para olvidar. Cuatro de los comensales se decidieron por el bacalao a la brasa, y tres de esos cuatro decidienron echarlo para atrás. Antes de eso lo probé: pecaba de un sabor muy fuerte, demasiado fuerte, que hacía creer que estaba pasado. Lo retirarón al instante y nunca sabremos cual era el problema. Desde luego, no era adecuado para el Kate Zaharra, ni para el precio que se pagaba.

Si parece que el besugo, opción de otros dos de los comensales, estaba delicioso. Lo mismo sucedía con la lubina. Ambos puestos a la parrilla sin más aditamento que el refrito, para dejar que la calidad de la vianda asome por encima de cualquier otro sabor. Se consiguió.

En los postres también hubo variadad. Helado de mandarina (bien elaborado), tarta de chocolates (correcta) y tostadas (bien elaboradas). Al igual que el resto de platos, todos se sirvieron en abundancia: si vas con hambre al Kate Zaharra, saldrás saciado, eso seguro.

Tras los postres nos traslamos a la terraza, una estancia que en realidad es doble: por un lado un recinto acristalado, para disfrutar todo el año de las sillas, sillones y sofás; y otro al aire libre, para esas tardes/noches cálidas de Bilbao. Nos acomodamos en los sofás y sillones para alargar la conversación tranquila, sin prisas y tomar copas, pacharanes y digestivos. La primera ronda de copas (sí, hubo dos, y es que ya hemos comentado que en al Kate Zaharra, el tiempo es relativo (¿frecuentaría Albert Einstein un lugar similar?).

Restaurante Kate Zaharra - Terraza Exterior

Finalmente, cumplida la tan anelada visita al Kate Zaharra y haciendo balance de la misma, y de las opinioness y comentarios de mis acompañantes, intuyo que el Kate Zaharra es un restaurante con un “continente” inigualable: tanto el caserio, en su bodega, en los comedores, en las terrazas; como el entorno y jardines, y las vistas sobre la villa de Bilbao.

Restaurante Kate Zaharra - Terraza Exterior - Vista sobre Bilbao

Y en cuanto al “contenido”, creo que no está a la altura del “continente”: En mi opinión, la cocina, fundamentada en la calidad del producto (algo que se supone a cualquier restaurante de la categoría en la que quiere militar) la considero “simplista”. El servicio y el trato: correcto.

En lo relativo al precio, alrededor de 100 euros por comensal, si que está a la altura del “continente”, pero me parece un precio excesivo valorando la cocina.

Haciendo memoría, el Kate Zaharra me recuerda mucho a la experiencia compartida con M. en el “Asador El Túnel“: cocina fundamentada en el “producto”, trato cercano, decoración con aire casero/familiar, entorno en el que la naturaleza es la protagonista, y precio elevado.

Resumiendo, si el Kate Zaharra te entra por los ojos, entonces volveras; si te centras en el “estómago”, entonces acudirás a otros restaurantes, sin vistas maravillosas, y más ajustados en precio.

Valoración: 7/10

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